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Para desear hay que conocer

Abril 20, 2008

Escuché esta frase: “para desear hay que conocer”. No lo sé. ¿Entonces no se puede desear lo desconocido? O más bien: ¿se referirá a que hay que conocer al Deseo para poder desear? ¿Cuándo deseo, cómo deseo, por qué deseo, para qué deseo, dónde deseo, qué deseo?

Sólo Dios sabe

Slow Down

Diciembre 13, 2007

 

El 1 y 2 de diciembre culminó, o se cerró, un primer círculo de aprendizaje. Como dijo Raúl Soto, presidente de la Unión de Remeros: “ahora sabes que en Xochimilco no decimos simplemente bienvenidos, aquí te recibimos con el corazón o, como dice esta otra forma náhuatl: que tu corazón se quede con nosotros”.

Creo que no sólo he aprendido a saludar en náhuatl. Hay mucho más. He aprendido a cruzar ese Umbral que te permite ver otra realidad, una donde la naturaleza también forma parte del diálogo y opina, y donde queda claro que los seres humanos somos iguales en derechos y valores. Que a partir del reconocimiento de esta igualdad, surgen muchísimas posibilidades de saber el mundo, otras formas de sentirlo. Que al dialogar en estas condiciones con cualquier otro saber, surge una nueva visión, una nueva cultura. Y que en este caso en particular, está surgiendo una nueva Cultura Ecológica.

¿Cómo elaborar un informe que explique lo que estamos experimentando en Xochimilco? ¿Cómo decir que no tengo ni la más absoluta idea de qué pueda pasar después, que no depende de mí; pero que, de todas formas, intuyo que voy a seguir aprendiendo mucho más?
Escribo esto desde mi casa. Vivo en Coyoacán, prácticamente al centro de una creciente “mancha urbana” a la que llamamos Distrito Federal. Afortunadamente, y para mi gusto, vivo y trabajo en este sitio que aún huele y canta a pueblo, es el barrio de la Concepción. Es un deleite que me permite dejar a un lado mi computadora y tomar un libro para abrirlo y darle una ojeada a la página donde me quedé:

“Hay que decir que el modelo matemático es, para tomar una expresión de Michel Onfray, <obsesivo desde Platón>, y que a ese modelo podemos oponer una <metodología de lo poético, de la intuición y del entusiasmo>”.

Esta cita proviene de Elogio de la razón sensible, libro de Michel Maffesoli. Este sociólogo reflexiona, a lo largo de su obra, sobre el quehacer del “científico social”, un personaje que debe vincularse propositivamente a su no-objeto de estudio. Y, ya en términos de vínculos sociales, el autor dice: “el vínculo social ya no es únicamente contractual, racional, simplemente utilitario o funcional, sino que integra una buena parte de lo no racional, lo no lógico, y lo expresa en unas efervescencias de todo orden que se pueden ritualizar (deporte, música, canto) o son, de una manera más general, completamente espontáneas”.

Yo creo que los vínculos sociales nuncan han sido asuntos meramente contractuales, racionales, utilitarios o funcionales. Siempre han poseído, además de los ejes antes mencionados, estas características no racionales, no lógicas y a lo largo de la historia se han manifestado y/0 expresado en efervescencias ritualistas ya sean éstas espontáneas o programadas.

Cuando nos vinculamos por asuntos meramente contractuales o racionales… cuando dejamos de lado lo demás, elevamos las probabilidades de generar agudos desequilibrios que tienden hacia la apatía o ausencia de visión de largo plazo.

Esto se refleja claramente en los países con masivas desigualdades. Lo hacen evidente sus liderazgos: ¿cómo se vinculan con los “beneficiarios” de sus programas de desarrollo social? ¿Cómo “sensibilizan” a las poblaciones rurales sobre el cuidado a la naturaleza? ¿Cómo participan y qué valor le dan al saber local? ¿Cómo se vinculan los partidos políticos con “las bases”? ¿Cuánto pagan para convocar a sus clientelas?

Por eso mismo, para una vinculación social -y aquí estoy de acuerdo con Maffesoli-, es necesario tomar en cuenta aspectos que van más allá que la mera “ciencia”, de rigurosos pruritos profesionales o de asuntos meramente utilitarios. Esto, a la larga, separa. Necesitamos unir: vincular. Un proceso que debe crecer para consolidar la existencia y permanencia del vínculo.

¿Cómo se expresa o trabaja en ese “algo más”? Aquí Maffesoli introduce lo erótico: “Es importante insistir en ello, pues es verdad que los fenómenos eróticos han sido ampliamente infravalorados durante toda la modernidad. Por lo menos no tenían o no debían tener incidencia pública. Se los toleraba en las obras culturales, pero éstas debían constituir una esfera bien separada de la existencia, que para el resto se entregaba al orden económico y político”.

¿A qué se refiere el autor? A una forma de conocer que transita por la cultura, el arte. “Tal como lo señalaba de una manera un tanto profética Raymond Abellio: <la poesía y el amor son los mayores ingredientes del conocimiento (…) del que la fe y la política (…) son sólo ingredientes menores, ésos que queman la obra en la oscuridad, primer estadio de la obra sin más>”.

Entre los seres humanos, pues, no debería de operar, de manera mayoritaria, el mal entendido “rigor científico”, ni la proclamación de causalidades y mucho menos la canonización de correlaciones elásticas e inelásticas. George Orwell (Autor de 1984, donde aparece el Big Brother is watching you) ya se burló de los escritos y los terminajos que utilizan los más ortodoxos académicos en este giro.

Si tomamos la bandera de Orwell y Maffesoli, por citar sólo a algunos, un proceso de vinculación social debería ser un ejercicio más próximo a la literatura, y realizar la vinculación debería asemejarse a proponer la elaboración conjunta de una nueva representación de la realidad social. En ambos casos, debe vibrar una sensibilidad de orden artístico y la intención de darle origen a una nueva estética, una nueva común identidad, una nueva comunidad, la que surja del vínculo.

Estamos en el orden de la creación. Y cuando un escritor, por ejemplo, se enfrenta a una página en blanco, cualquier cosa puede pasar.

Así nos sumergimos en Xochimilco. Para escribir historias. Y claro, nos tacharon de idealistas.

Al comienzo escuchaba las risotadas y carcajadas de los vecinos del barrio de La Santísima, y opiniones con ceño fruncido de funcionarios públicos, licenciados en ciencias de la Naturaleza y licienciados en “ciencias” de lo social. Éstos últimos, de plano, no entendían de qué rayos estaba hablando. “¿Entusiasmo?, ¿esperanza?… Oye, no vayas a estar generándoles expectativas…” Y yo preguntaba, más idealista aún: “¿no es triste vivir sin expectativas?”

Lo único que puedo decir es que si las expectativas no se alcanzan o no se cumplen, siempre tendremos la oportunidad de escribir una nueva historia.

Fecha de caducidad: hoy

Noviembre 7, 2007

(tinta china, aguada, lápiz, grafito y acuarela sobre papel kraft)

Comencemos por el diccionario: “acción y efecto de caducar… calidad de caduco”. Ok: suficiente.

Algo puede estar caduco desde el momento de su concepción. Qué digo concepción: desde que alguien se digne a tener una idea caduca. Si algún objeto pierde sus cualidades con velocidad inusual, creo que se puede decir -estirando un poco los significados- que es efímero. No todo lo que sea efímero es necesariamente caduco. Una larga lista de efimeras existencias nacen y mueren con vitalidad artística y algunos de estos performances o happenings o curadurías o instalaciones (matices de lo mismo) tienen la fortuna de quedar fotografiadas o videograbadas “para la posteridad”.

¿Tiene fecha de caducidad una obra de arte? Para brincarnos el engorroso asunto de definir qué es obra de arte y sacarle canas verdes a cualquier puritano, definamos “obra de arte” como cualquier cosa que se sostenga en la gustosa convención de tres o más personas sin relación consanguínea (hasta un poco de excremento enlatado puede ser obra de arte si se justifica y convence a tres o más personas). Así entonces nos quedamos con el tema de la caducidad de la obra de arte.

Hay quienes dicen que una obra de arte no caduca. Si bien reconocen que así como cualquier ser vivo, cumple un ciclo vital, la diferencia es que en un diagrama ad hoc, tendríamos que cambiar el letrerito de “muere” por uno que diga, por ejemplo, “hiberna” (si creemos en reencarnaciones o en el eterno retorno los letreritos de “muere” y “nace” pueden ir juntos y entonces no es necesario realizar mayores cambios).

Es decir que una obra de arte, aunque olvidada, se mantendrá en estado latente hasta que alguien la redescubra y ya sea que la anuncie a los demás su existencia o la plagie o la tome como referencia para “recrearla” o “intervenirla”… (a propósito de intervenciones… si en un descuido de los celadores del Louvre, intervengo la Mona Lisa… ¿podré llevármela a mi casa? Digo, ya no sería más la Mona Lisa sino una obra nueva, resultado de mi intervención y, por lo tanto, mía… ¿o estoy groseramente equivocado?)

Una obra de arte es o puede ser inmortal. Pero entonces, los que pretenden realizar obras maestras o simples obras de arte buscan y trabajan con los mejores materiales, unos que le aseguren durabilidad. Los comerciantes de arte agradecen esta pesquisa, al igual que los restauradores, aunque no necesariamente los bolsillos de los artistas, menos aún los que se fermentan en el anonimato (conozco a un artista que es capaz de no comer con tal de comprar el bendito chisguete de acrílico marca Waterloo que según le dijeron durará hasta que la tierra se doble ante el abrazo del sol).

Las obras de arte, hasta las más efímeras, no caducan y, por lo tanto, no se rigen, ni se deben juzgar, en base a categorías como calidad o marca o duración del medio o del espacio donde ocurra el fenómeno (el arte).

¿Y qué pasa cuando un artista decide ponerle fecha de caducidad a su obra de arte?

Sólo Dios sabe

Desnuda

Octubre 8, 2007

 

Se ha quitado las veladuras. Podríamos decir que que ya no hay secretos.  Pero coloca una mano en la cintura, inclina la cabeza hacia un lado y desde ahí nos observa.

Alguien dice (no recuerdo quién) que se trata una búsqueda de la inocencia (¿?). Habrá que definir inocencia.

Por lo pronto, podríamos decir que es un intento por atraer la mirada e iniciar un juego: ya está desnuda, ¿y ahora qué? Nos podemos distraer con la forma, imaginarnos un contenido… pero hay algo inmediato.

Sólo Dios sabe

Mirada

Octubre 6, 2007

A medida que nos alejamos de la mirada, su cuerpo se desdibuja. Así me gusta. Incompleta y transparente.

Agujero negro

Octubre 5, 2007

En las proximidades de un agujero negro, las curvas vuelven loco al tiempo.

La fuerza de atracción es descomunal.

Materia y energía se dejan llevar hacia el interior de ese profundo pliegue de la realidad y penetran hacia lo desconocido.

¿Cuál es el derrotero de ese cúmulo de matería y energía concentrada?

¿Será acaso una explosión creadora?

Sólo Dios sabe

Líneas y rayas

Octubre 5, 2007

Me gusta cómo mira hacia un lado. Puse una flor para que sea la depositaria de aquella mirada. A ambas las llené de color y paciencia.

Líneas y rayas. Dos bellezas compuestas de errores.

¿Qué más?

Sólo Dios sabe

Sobre vivir

Octubre 4, 2007

Comencé a escribir reseñas literarias en febrero de 1997. Dejé de hacerlo (¿?) en febrero de 2007. Tenía que leer de dos a tres libros por semana. A veces más. De todo ese tiempo, son pocas las obras que recuerdo. Una es una compilación de reseñas de un escritor húngaro, cuyo nombre, lamentablemente, no recuerdo. Todo el libro y el pensamiento del autor dedicado a un grande: Stendahl, y de él, sobre todo, Rojo y Negro (los colores de la huelga, del anarcosindicalismo, de la anarquía… ¿vaya descontextualización?).

Las demás ocupan un amplio rango que va desde ensayos, novelas, biografías (toda la serie de Krauze en Tusquets) hasta best sellers.

En esta ocasión quiero recordar, sin embargo, un momento que me hizo llorar como energúmeno. Mi esposa escuchó mi llanto y creyó que algún familiar mío había muerto (antes había llorado mucho, de esa manera, cuando murió mi abuelo Ricardo, y en otra ocasión me anticipé en un día a la muerte de mi tío Honorato, otro de mis numerosos abuelos).  Pero no, lloraba sobre las páginas finales de La isla de la pasión, memorable novela de la escritora colombiana Laura Restrepo. ¡Qué monumento de obra!

La historia es conocida por muchos. El teniente Arnaud (una especie de gavilán pollero al más puro estilo de este personaje de la fauna de la Warner Brothers, un gavilán que le hace la vida imposible al gallo Claudio (¿o es al revés?)), bueno, este oficial se va a tomar posesión, a nombre del estado mexicano, de una isla que en realidad es un yermo promontorio de piedras. Allí sólo habitan los cangrejos y las aves cagonas (guaneras para los cultos). Un peñasco abandonado. Uno de esos lugares cuya propiedad sólo puede reclamarlo el más estúpido de los orgullos. Y bueno, ahí fue el teniente, con todo un destacamente y sus respectivas familias.

Su mala suerte es que estamos hablando de 1910 y, como sabemos, por esas épocas a los mexicanos los embargaba el espíritu revolucionario. Así es que mientras en el continente se mataban los unos a los otros, en la isla sucedía otro tantito.

Al final de todo, quedaron vivos los niños (con esto no estoy arruinando un final que se ciñe a lo histórico y hasta se ha hecho película con Pedro Infante como el teniente Arnaud). Y cuando lloré fue justo el momento cuando los niños se negaron a abadonar su peñasco. A llantos nos metieron (a mí y a los niños) a observar el barco que los rescató. Ya cuando probaron la primera golosina comenzaron a calmarse. Sin embargo, yo seguí llorando. Si bien para los adultos y, en este caso, el lector, vivieron las aventuras isleñas como una historia terrible, para los niños había sido su hogar, su universo conocido y allí habían aprendido a ser felices y tristes. ¡Allí conocieron la felicidad!

No sé cómo explicarlo. Lo he dicho en voz alta y apoyándome en mi gradilocuente gestualización y como resultado he obtenido miradas de sospecha: ¿de qué estoy hablando? En otro libro, La muerte del filósofo, ocurre un pasaje similar, aunque sin niños. Un esclavo, a la muerte de su amo el filósofo, termina preso en una catacumba con el agua hasta las rodillas y dice que allí supo encontrar la felicidad.

Se me ocurre que a la inversa también debe ocurrir. Alguien con todo a su alcance puede sentirse desdichado y miserable: profundamente triste.

A diferencia de sus padres, los niños de la novela de Laura Restrepo no eran ni supervivientes de un abandono. Lo dice una de las entrevistadas (la novela, como la otra suya que leí: La Novia oscura; está escrita como pesquisa periodística). Por eso no entendían por qué tenían que abandonar su hogar de piedras, cangrejos y aves cagonas.

Digo: ¿qué se creen aquellos que nos dicen que hay un paraíso por descubrir o un desarrollo que alcanzar? ¿Será que, simplemente, no saben disfrutarlo? (Uy: esto va para largo, mejor aquí me detengo y lo continúo en otro post. Porque entonces viene la redistribución del ingreso y el gran robo de nuestros futuros)

A final de cuentas, bailemos y cantemos.

¡Rumba!

Porque sólo Dios sabe…

La buena educación

Octubre 4, 2007

¿En qué consiste una “buena educación”? ¿A quién podemos señalar como una persona “bien educada”? ¿Qué es la Educación?

Algunas ideas al respecto, planteadas por Noam Chomsky, están al alcance del público hispanoparlante a través de un libro que se llama La (des)educación (Editorial Crítica). Uno puede brincotear alegremente sobre el prólogo y pasar directamente al primer texto: una entrevista del editor del libro: Donaldo Macedo. La introducción no es mala, pero, vamos, los que desean ir sobre “la carnita” no tienen por qué esperar. Un maestro me dijo alguna vez que los prólogos bien podrían ser postlogos.

El asunto comienza con el caso de un estudiante de doce años de los US que enfrentó un caso disciplinario porque se negó a realizar el “Juramento de Fidelidad” en su escuela. El niño de marras dijo que el juramento le parecía una “exhortación hipócrita al patriotismo”, que no había “libertad y justicia para todos”. Se armó una batahola. Y Chomsky define a las escuelas como “centros de adoctrinamiento y obediencia impuesta. Lejos de favorecer el pensamiento independiente, la escuela, a lo largo de la historia, no ha dejado de interpretar un papel institucional dentro de un sistema de control y coerción. Una vez que se te ha educado, se te ha socializado ya de una manera que respalda las estructuras de poder que, a su vez, te recompensan generosamente”.

Claro, esta afirmación chomskiana vale para una sociedad o un país como EEUU. Aquí, en nuestra querida Latinoamérica (o Iberoamérica o Indoamérica o como quiera que se llame), nadie te recompensa, simplemente te piden compromiso, que te “pongas la camiseta”, que sudes la gota gorda… y si no, las fronteras están abiertas: puedes migrar.

En el libro (entrevistas y dicursos y un debate) se observa la posición del Estado y su papel educador. La flagrante contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. Esta actitud doble cara y de dobles discursos, en realidad, es una costumbre que nos aqueja a los seres humanos en general. Lo que se pide, en todo caso, es un poco de sutileza. ¿Para qué andar criticando a viva voz, y a nivel mundial, la terrible manera con la que tanques de manufactura soviética aplastaron universitarios checoeslovacos (estamos hablando del mundo bipolar, jejejeje), cuando en su patio trasero tanques de manufactura gringa atropellaban los derechos de estudiantes latinoamericanos?

Podemos decir “eso pasó hace mucho, ya déjalo”, pero lo mismo sucede ahora. Un bando anuncia que quiere acabar con el terrorismo global y asesina en masa y el otro bando… hace lo mismo. Ambos, también, se proclaman rigurosos seguidores de la palabra divina y… ¡Ay Dios!

¿Por qué mejor no hacemos el amor y no la guerra?

Mmmmmm…

Mejor miren a esta señorita de papi. Pastel barato sobre papel vulgar. ¿No es una obscenidad?

Sólo Dios sabe

Ya lo pasado, pasado…

Septiembre 25, 2007

A veces sólo basta tomar asiento y mirar hacia la izquierda… ¿o la derecha?

Sólo Dios sabe