El autor desconocido, una vez más, cambia de rumbo, apariencia y opinión. El amigo escritor levanta una ceja y con tono de reproche (o pidiendo un asidero mental) le dice “oye, pero tú no pareces congruente”.
El autor desconocido sigue caminando, confiando y hasta conchudo y dice: “pero ¿quién te ha dicho que la realidad es congruente?… ¡qué preguntas haces, Dios mío!”
Y siguieron caminando, muy tranquilos y campantes.
Reconfortados.
Sin saber a qué atenerse.
Etiquetas: congruencia, elección, incongruencia, institución, libertad, moral, organización