JM Coetzee…
De repente un barbaján se pone celoso porque su compañera está de mecanógrafa con el señor C, un viejito escritor y con cierto prestigio que dedica sus últimos días a escribir sus “opiniones contundentes” para una editorial alemana.
Por su parte, Anya (así se llama la compañera del barbaján), quien debe leer las opiniones del escritor, se encariña con el señor C y lo defiende de los ataques de su cada vez más insensato amante.
Mientras transcurre esta historia, casi al pie de página, el lector tiene la oportunidad de hacerse una idea de los pensamientos que pasan por la cabeza del señor C. Este viejito es un anarquista de buena cepa. Sus disquisiciones comienzan con un cuestionamiento de la legitimidad del estado y pasan por toda el universo de lo opinable llegando a hablar de ecología, Dios y la muerte (una descripción dura). Y es que ahora que ha alcanzado cierto éxito, le piden que opine libremente. Ella, pues, lo cuestiona: ¿por qué mejor no escribe una historia de amor?
Y creo que eso es, a final de cuentas, esta novela-ensayo… una historia de amor con los acostumbrados tintes de desencanto y la sorprendete pluma de este escritor sudafricano avecindado en Australia. Lo que dice el señor C, embargado por la admiración, acerca de Tolstoi y la autoridad del escritor aplican para JM Coetzee.
¿No hay nada más que decir?
Etiquetas: coetzee, cultura, literatura, reseña

Mayo 29, 2009 a las 2:47 pm |
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