La limpieza es un ritual. Si se realiza como algo cotidiano se convertirá en rutina, un proceso mecánico y superficial. La limpieza debe llegar hasta el alma, penetrar hasta aquellos lugares olvidados e incómodos.
La limpieza es un proceso de renovación. Cuando uno ha completado el ritual, desde que tomó la escoba hasta que la casa y el patio quedaron limpios y uno puede oler su propio cuerpo recién bañado, puede ver las cosas de distinta manera.
La limpieza debe terminar con un sólo convencimiento: que será necesario realizar una nueva limpieza.