Elmo es pescado

Una mañana me despertaron los gritos de “¡¡Elmo es pescado!!”, “¡¡Elmo es pescado!!”…

Bajé hasta el comedor y ahí estaba Florencia, llorando con una servilleta en el piso que cubría, cual mortaja, a Elmo, un pez beta que había sufrido varios percances desde que se lo regalaron el día de su cumpleaños.

Luego de tratar de alimentarlo, de querer verlo más de cerca y de darle los buenos días, Elmo brincó del vaso donde vivía luego de que rompiéramos su última pecera y cayó a los pies de una niña que en medio del espanto brinconteó y lo pisó. Ante lo contundente del pisotón y la repentina inmovilidad del animal, Florencia lo cubrió con la servilleta y comenzó a gritar que Elmo ya era pescado.

Pero el final aún no estaba escrito para Elmo así que lo agarré y lo coloqué de vuelta en su vaso donde nadó en círculos durante todo el día.

El miércoles de la semana pasada ocurrió lo inevitable. Elmo amaneció muerto. Llamé a Florencia y le dije que su pez, ahora sí, parecía que se había convertido en pescado. Ella lloró. Aunque su llanto no duró mucho.

“Si Elmo es pescado… ¿ahora nos lo podemos comer?”

Elmo sigue flotando en su vaso mientras pienso cómo enterrarlo. Florencia, por su parte, ahora dice que Elmo es un esqueleto de pescado.

Escribe un comentario