Cultura

By maistro

Cuando el editor del periódico se arranca a fumar ya nada puede detenerlo. Fuma un cigarro tras otro. Todos los enciende con ese encendedor metálico con la tapa que levanta ayudándose de las dos manos porque nunca pudo aprender a hacerlo como en el cine: con dos dedos. Pero la mirada de galán nadie se la quita. Ni siquiera el hecho evidente de que a sus cincuenta años ya sólo atrae a las jovencitas que buscan un lugar digno de trabajo y están dispuestas a cualquier cosa con tal de conseguirlo. Por sus manos han pasado casi todas las egresadas de periodismo de la única universidad de esa ciudad. Y cuando ellas renuncian… cuando ellas renuncian luego las ve en la calle, caminando del brazo de un joven con los jeans sujetándose a duras penas de sus piernas, lentes oscuros, cachucha y caminar de cholo y a veces piensa: ¿qué tiene él que no tenga yo?

El editor del periódico vive en una habitación de hotel. Llega hasta allí en la madrugada, sudoroso e insatisfecho, luego de asegurarse de que la edición del día siguiente no tiene ni un solo error ortográfico. A veces llega con cervezas. A veces con alguna nueva asistente. Siempre trae algo en las manos. Y se las arregla para que en ellas quepa un libro. Al editor del periódico le gusta leer historia y política. Y por lo mismo, también es fanático de las novelas afro latinas caribeñas y tropicales, como le gusta decir. También dice que baila cumbia cuando lee a García Márquez.

Y ahora esta foránea de edad madura le pide trabajo. Asegura que sabe mucho de cultura y él pregunta: ¿qué clase de cultura?

Ella levanta los brazos y abre la boca y hasta se le ocurrió decir ópera y ballet pero luego de haber recorrido hasta el último rincón de esta ciudad sabe que sería una necedad creer que el Cascanueces pueda presentarse en el Auditorio Municipal. Aquí sólo actúan los cristianos y conversos, le dijo el de la puerta cuando ella pidió el programa del mes.

“Esta ciudad tiene sus encantos”. Ella sólo recuerda letreros de burdeles y cantinas con putas. Calor. Tiendas que se gritan ofertas unas a otras a través de altavoces. Vendedores ambulantes estacionados en la vereda. Gente que tiene que caminar por la pista y coches que parecen detenidos en fila india porque no pueden avanzar. El semáforo está en rojo.

“Tiene que haber algo de cultura, usted dígame”.

“Háblame de tú”, pide el editor del periódico que se queda pensativo pero sin despegar su mirada de los ojos de esa señora que se ve tan elegante en ese vestido de pieza entera que le llega hasta los muslos y con unos tirantitos que seguramente su esposo la ayudó a anudar.

Y antes de que ella sugiriera reseñar obras clásicas, como El amante de lady Chatterley, de… el editor del periódico le sugiere que por qué no comienza por visitar las instalaciones del Club Ateneo. “Allí se reúne pura gente culta… a veces voy a sus fiestas”.

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