Antes que nada quiero que recordemos quién ES Hermes-Mercurio:
“Dios de las fronteras y los viajeros que las cruzan, de los pastores y las vacadas, de los oradores y el ingenio, de los literatos y poetas, del atletismo, de los pesos y medidas, de los inventos y el comercio en general, de la astucia de los ladrones y los mentirosos (…) Hermes es un mensajero entre los dioses y los humanos…” (de Wikipedia, por supuesto)
Y ahora un largo prolegómeno.
En líneas muy generales EL COMERCIO TAMBIÉN ES DIÁLOGO. Esto es posible porque se conectan, vinculan o encuentran dos seres humanos: un comprador y un vendedor (antes del surgimiento de la moneda, se realizaba el trueque o INTERCAMBIO). Estamos ante un fenómeno en el cual dos mundos distintos (otredades) se influyen mutuamente y es aquí precisamente, al enfrentarnos al OTRO y su distinta forma de ser que podemos transformarnos, recrearnos, y darle vida a una NUEVA FORMA DE SER.
Los griegos también nos legaron un saber: que al dialogar invocamos a LO DIVINO. Pero para dialogar es necesario CONOCER AL OTRO. Y para conocer y comprenderlo hay que “ser ese otro” (Carta Séptima de Platón).
Como dice Platón en boca de Sócrates, el BIEN (Verdad, Justicia, Belleza) sólo procede del conocimiento y el MAL es consecuencia de la ignorancia. Ahora: para conocer al otro es fundamental atenderlo -prestarle atención- y en un mundo desequilibrado por el egoísmo (donde los intereses propios siempre ocupan el primer lugar sin preocuparse del otro), es necesario que aquéllos con mejor fortuna escuchen con mayor atención a los que padecen (directa o indirectamente) los efectos de la Injusticia.
Sabemos que la actual coyuntura del comercio global y en especial de los alimentos es inequitativa. La desmesura de la industrialización (obra del ser humano), su vertiginoso ritmo que no nos permite detenernos a pensar y sus ESTANDARIZACIONES, atenta contra lo más valioso: NUESTRA DIVERSIDAD. Pero si trasladamos esto a la relación del ser humano con la naturaleza (la Madre Tierra) entonces vemos que afecta por entero a la Biodiversidad: LA DIVINA MULTIPLICIDAD.
Los procedimientos y conceptos que imperan en la actualidad como “inventario cero”, “just in time”, “uniformidad”, “maximización de beneficios”, “minimización de costos”, “rigidez organizacional”, entre otros, son propios de la industrialización, del fast life. NO PODEMOS NI DEBEMOS IMPONERLOS A LOS QUE PROCEDEN DE UNA CULTURA DISTINTA. Esto no quiere decir que los que procedan de otras culturas no tomen en cuenta estos aspectos del COMERCIO INDUSTRIAL y nos concentremos en la eterna búsqueda del esquivo “justo medio”
Pero digo (con el perdón del Vaticano monoteísta y del pensamiento que se ajusta a una sola verdad, lean a Michel Maffesoli): si el comercio es diálogo y del diálogo surge lo divino: ¿QUÉ ASPECTO DE HERMES-MERCURIO QUEREMOS INVOCAR?, ¿uno donde prime la astucia de los ladrones y mentirosos (para seguir con la cita inicial) o uno que se sustente en el COMERCIO JUSTO?
Productos de la chinampa nació de una idea: construir una red de Comercio Justo. Una red donde se reconozcan valores que no se pueden soslayar (servicios ambientales y culturales) y en la que sus integrantes le den vida a un NUEVO ESPÍRITU, uno que promueva NUEVOS TÉRMINOS DE RELACIÓN ENTRE LOS SERES HUMANOS Y UN NUEVO DIÁLOGO CON LA MADRE TIERRA.
Cuando hablamos de Comercio Justo no sólo hablamos de oportunidades de comercialización, sino de nuevas formas de trabajo. En el Comercio Justo no caben prácticas del mundo industrializado como pagos diferidos, ni la vieja costumbre de obtener crédito de los proveedores (mucho menos cuando éstos son pequeños agricultores o productores artesanales sin capital).
En el Comercio Justo tampoco cabe poner a prueba la capacidad logística operativa de una red de productores que no posee capital de inversión y mucho menos cuando esta prueba consiste en evaluar a los pequeños productores y su comercializadora (Productos de la chinampa) en términos de “eficiencia” industrial.
En el Comercio Justo debe primar la confianza y sobre ésta debemos construir una alianza sin detenernos a cumplir leyes y certificaciones concebidas para satisfacer los intereses de los grandes grupos que todos conocemos. Tenemos que superar las barreras comerciales y culturales que les impiden a los pequeños productores agropecuarios colocar su oferta en el mercado de productos: esto sólo se logra con una INICIATIVA que va más allá de palabras, logotipos, etiquetas, sellos y acciones simbólicas.
Como dice Dionisio Eslava, presidente de Umbral Axochiatl A.C., al referirse a los pequeños agricultores indígenas: “nosotros somos los otros empresarios. Poseemos conocimiento, cultura, semillas y propiedad. Nuestro potencial económico se basa en la tierra. Somos empresarios a los que deben tomar en cuenta para las futuras generaciones. Ahorita nos están despreciando, desaprovechando. No somos “campesinos”, somos empresarios en potencia. Algún día, tal vez, designaremos las verdaderas poíticas de crecimiento y evolución del ser humano”.
Queremos crear una AUTÉNTICA comunidad del alimento, un NUEVO DIÁLOGO, una NUEVA FORMA DE RELACIÓN, UN PROCEDIMIENTO DISTINTO, UNA INVERSIÓN CON MIRADA DE LARGO PLAZO. Tenemos que superar esta terrible y costosa distancia entre el mundo rural y el mundo urbano. Y el peso de esta obra no debe reposar únicamente en el lado de los productores.
Ya sabemos cuál es el rumbo de la “industria orgánica”, en manos de empresas distribuidoras de semillas, de empresas comercializadoras de productos, de empresas agropecuarias creadas “ex-profeso”, de redes de comercialización que son cualquier cosa menos orgánicas y mucho menos justas.
¿Por qué todos estas doctrinas o ideologías o modas terminan en lo mismo? ¿Por qué terminan alimentando y maquillando a la misma FORMA DE SER y no promueven AUTÉNTICOS cambios?
Productos de la chinampa no nació para convertirse en una distribuidora más de alimentos. Tampoco nació para replicar el modelo imperante. Nació para promover un cambio.
Creemos que hemos dados muestras más que suficientes de que estamos dispuestos a DIALOGAR y cumplir los términos de COMERCIO INDUSTRIAl (que no es COMERCIO JUSTO). No sólo hemos proferido palabras ni promesas sino acciones (y hasta reconocemos lo que nos falta en capacidad y capital… es mutuo aprendizaje y CONOCIMIENTO)… Y seguimos esperando ACCIONES que vayan más allá de una COMPRA DE BUENA VOLUNTAD.
Todos hablan de COMERCIO JUSTO, ORGÁNICO, NATURAL, TRADICIONAL, BIODIVERSIDAD, RESPETO… SLOW FOOD…
Todos hablan… y reclaman, exigen e imponen.
¿Por qué no meten las manos (como los chinamperos cuando trabajan la tierra) y nos ayudan con HECHOS, ACCIONES e INVERSIÓN?
¿Por qué no hacemos de una vez por todas cosas distintas?
Mientras tanto seguimos perdiendo tierras agrícolas alrededor de la Ciudad de México y el abismo del desconocimiento entre ciudad y campo se hace más profundo, agudizando la desvalorización, desconocimiento y pérdida de nuestros productos tradicionales, de nuestra DIVERSIDAD.
¿Hacia dónde vamos?
Sólo Dios Sabe…