Archivo de Enero 2008

Haz la tarea

Enero 29, 2008

Todos los días, a las cuatro y media de la tarde, paso por mis hijas. El reencuentro familiar está lleno de abarazos y sonrisas hasta que la simpática maestra nos comunica: “Florencia se portó muy bien… lleva tarea”. En ese instante comienza una negociación. Mi hija intentará eludir la responsabilidad. Yo insistiré: “haz la tarea”. El conflicto puede durar hasta entrada la noche… Odio las tareas.

En otras ocasiones mi hija llega a la casa y hace su tarea de inmediato. El resto de la tarde transcurre en paz…

Uno sueña con el día en el que se acaben las tareas… pero cuando llegan l@s hij@s éstas vuelven con toda su fuerza.

¿Acaso nos acostumbran, desde pequeños, a llevar trabajo a la casa?

¿Por qué nos dejan tareas?

Sólo Dios sabe

De Flor en Flor: vamos a darle valor al campo

Enero 15, 2008

 

Develando recuerdos, vienen a mi memoria conversaciones familiares y la voz de mi abuelo Ricardo o mis tíos abuelos y las tías abuelas, todos agricultores de vieja estirpe y con una conclusión que suena a lugar común: “la solución está en el campo”.

Recuerdo también mis estudios de Economía y la conclusión que expuso uno de mis maestros en la PUCP: “el campo está en desventaja a la hora de  negociar precios con la ciudad”. Finalmente, recuerdo el sabor de los productos recién cosechados o procesados en el mismísimo campo y me pregunto: “¿qué está pasando con todo esto?”

Los seres humanos, además de liarnos con el estrés y los interminables tráficos, tenemos por ahí guardada una pulsión que nos empuja a buscar la mejor calidad de vida posible. Desde la placida convivencia con nuestros hijos o amigos, hasta el deleite bajo los aromas del amor. Son muchas las opciones que la vida nos pone por delante y es de cada quién decidir cómo quiere vivir.

Sin embargo, el acelerado ritmo de vida que nos impone una cultura de competitividad (urbana e industrial) nos ha ido distrayendo de asuntos importantes. Pareciera que recién nos hemos dado cuenta que las ciudades se comen los campos o, en su defecto, le impone a la tierra una cuota de producción.

Pareciera que recién nos estamos dando cuenta, porque lo que podemos observar en el campo es el abandono. Ahora que recorro Xochimilco y sus alrededores, me encuentro con agricultores que están abandonando su cultura rural.

Ellos ordeñan la leche con sus manos. Buscan dónde es que sus gallinas depositaron sus huevos. Preparan mermeladas con los frutos de sus árboles. Cuidan la identidad de su maíz. Cultivan con amor la tierra y respetan su tiempo… aquí la vida tiene otro ritmo. Uno puede darse el tiempo de entrecerrar los ojos para degustar todos los sabores que guarda un tamal del campo.

Gastronomía. Esta es la palabra con la que podemos designar ese momento cuando la naturaleza y la cultura se tocan, se hacen una, y se comunican a través de los sabores. Es necesario darle su tiempo, permitir que todo fluya y se active la memoria: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?

Cuando probamos un huevo de corral, proveniente de una gallina libre de hormonas y libre de hacinamientos industriales, estamos comiendo otra cosa: estamos alimentándonos de la naturaleza. Eso vale más que un huevo que proviene de pálidas gallinas que sólo conocen una existencia automatizada, de un huevo que dejó el calor materno para rodar junto con otros tantos miles sobre un mundo sin fin de bandas transportadoras hasta depositarlo en una caja que sólo acepta pesos y medidas estandarizados y uniformados. ¿Qué somos?

Por eso, un grupo de idealistas nos hemos dado a la tarea de una misión que parecía imposible: vamos a darle valor al campo.

Eso es lo que proponemos. Y para comenzar nuestra labor hemos definido campo como aquel punto donde la naturaleza y el ser humano dialogan. Un punto donde no hay explotación. Donde el agricultor se negó a utillizar químicos o planes de producción que agoten a la tierra. En la ciudad de México, esto se llama chinampa y fuera de la Zona Chinampera, lo estamos encontrando con agricultores de la zona alta, como San Francisco Tlalnepantla, o en Mixquic o Chalco. No son muchos, pero son.

Ahora los hemos puesto en contacto con restaurantes como Contramar y Los Danzantes. También con público consumidor como el que compra los paquetes de hortalizas. Se trata de ir construyendo una red de CONSUMO RESPONSABLE. Compradores que sepan valorar lo que están adquiriendo. Productos naturales y de alta calidad. Productos que se cosechan el día anterior a la entrega a bordo de una canoa, o que recolectamos entre los productores de la zona de la montaña o en los pequeños mercados locales. Productos que seleccionan ojos expertos: personas que viven en el campo.

Este es el pedido. Rompamos paradigmas. Cambiemos los términos de relación entre la ciudad y el campo. Valoremos nuestra naturaleza. Mostrémosle a nuestr@s hij@s que la Madre Tierra nos ofrece diversidad y calidad y que todo esto lo hace con un único objetivo: mostrarnos que podemos gozar, aquí y ahora, de una buena calidad de vida.

Agradezcamos diariamente. Hagamos comunión con la tierra, no la explotemos.

Enseñémosle a nuestr@s hij@s que nuestro valor es directamente proporcional al valor que le damos a todo lo que nos rodea. Sigamos los consejos de un sabio como Aristóteles , como lo menciona en su “Ética a Nicómaco”, un documento dirigido a su hijo; y busquemos ese punto medio entre la vorágine urbana y la placidez rural.