Slow Down

By maistro

 

El 1 y 2 de diciembre culminó, o se cerró, un primer círculo de aprendizaje. Como dijo Raúl Soto, presidente de la Unión de Remeros: “ahora sabes que en Xochimilco no decimos simplemente bienvenidos, aquí te recibimos con el corazón o, como dice esta otra forma náhuatl: que tu corazón se quede con nosotros”.

Creo que no sólo he aprendido a saludar en náhuatl. Hay mucho más. He aprendido a cruzar ese Umbral que te permite ver otra realidad, una donde la naturaleza también forma parte del diálogo y opina, y donde queda claro que los seres humanos somos iguales en derechos y valores. Que a partir del reconocimiento de esta igualdad, surgen muchísimas posibilidades de saber el mundo, otras formas de sentirlo. Que al dialogar en estas condiciones con cualquier otro saber, surge una nueva visión, una nueva cultura. Y que en este caso en particular, está surgiendo una nueva Cultura Ecológica.

¿Cómo elaborar un informe que explique lo que estamos experimentando en Xochimilco? ¿Cómo decir que no tengo ni la más absoluta idea de qué pueda pasar después, que no depende de mí; pero que, de todas formas, intuyo que voy a seguir aprendiendo mucho más?
Escribo esto desde mi casa. Vivo en Coyoacán, prácticamente al centro de una creciente “mancha urbana” a la que llamamos Distrito Federal. Afortunadamente, y para mi gusto, vivo y trabajo en este sitio que aún huele y canta a pueblo, es el barrio de la Concepción. Es un deleite que me permite dejar a un lado mi computadora y tomar un libro para abrirlo y darle una ojeada a la página donde me quedé:

“Hay que decir que el modelo matemático es, para tomar una expresión de Michel Onfray, <obsesivo desde Platón>, y que a ese modelo podemos oponer una <metodología de lo poético, de la intuición y del entusiasmo>”.

Esta cita proviene de Elogio de la razón sensible, libro de Michel Maffesoli. Este sociólogo reflexiona, a lo largo de su obra, sobre el quehacer del “científico social”, un personaje que debe vincularse propositivamente a su no-objeto de estudio. Y, ya en términos de vínculos sociales, el autor dice: “el vínculo social ya no es únicamente contractual, racional, simplemente utilitario o funcional, sino que integra una buena parte de lo no racional, lo no lógico, y lo expresa en unas efervescencias de todo orden que se pueden ritualizar (deporte, música, canto) o son, de una manera más general, completamente espontáneas”.

Yo creo que los vínculos sociales nuncan han sido asuntos meramente contractuales, racionales, utilitarios o funcionales. Siempre han poseído, además de los ejes antes mencionados, estas características no racionales, no lógicas y a lo largo de la historia se han manifestado y/0 expresado en efervescencias ritualistas ya sean éstas espontáneas o programadas.

Cuando nos vinculamos por asuntos meramente contractuales o racionales… cuando dejamos de lado lo demás, elevamos las probabilidades de generar agudos desequilibrios que tienden hacia la apatía o ausencia de visión de largo plazo.

Esto se refleja claramente en los países con masivas desigualdades. Lo hacen evidente sus liderazgos: ¿cómo se vinculan con los “beneficiarios” de sus programas de desarrollo social? ¿Cómo “sensibilizan” a las poblaciones rurales sobre el cuidado a la naturaleza? ¿Cómo participan y qué valor le dan al saber local? ¿Cómo se vinculan los partidos políticos con “las bases”? ¿Cuánto pagan para convocar a sus clientelas?

Por eso mismo, para una vinculación social -y aquí estoy de acuerdo con Maffesoli-, es necesario tomar en cuenta aspectos que van más allá que la mera “ciencia”, de rigurosos pruritos profesionales o de asuntos meramente utilitarios. Esto, a la larga, separa. Necesitamos unir: vincular. Un proceso que debe crecer para consolidar la existencia y permanencia del vínculo.

¿Cómo se expresa o trabaja en ese “algo más”? Aquí Maffesoli introduce lo erótico: “Es importante insistir en ello, pues es verdad que los fenómenos eróticos han sido ampliamente infravalorados durante toda la modernidad. Por lo menos no tenían o no debían tener incidencia pública. Se los toleraba en las obras culturales, pero éstas debían constituir una esfera bien separada de la existencia, que para el resto se entregaba al orden económico y político”.

¿A qué se refiere el autor? A una forma de conocer que transita por la cultura, el arte. “Tal como lo señalaba de una manera un tanto profética Raymond Abellio: <la poesía y el amor son los mayores ingredientes del conocimiento (…) del que la fe y la política (…) son sólo ingredientes menores, ésos que queman la obra en la oscuridad, primer estadio de la obra sin más>”.

Entre los seres humanos, pues, no debería de operar, de manera mayoritaria, el mal entendido “rigor científico”, ni la proclamación de causalidades y mucho menos la canonización de correlaciones elásticas e inelásticas. George Orwell (Autor de 1984, donde aparece el Big Brother is watching you) ya se burló de los escritos y los terminajos que utilizan los más ortodoxos académicos en este giro.

Si tomamos la bandera de Orwell y Maffesoli, por citar sólo a algunos, un proceso de vinculación social debería ser un ejercicio más próximo a la literatura, y realizar la vinculación debería asemejarse a proponer la elaboración conjunta de una nueva representación de la realidad social. En ambos casos, debe vibrar una sensibilidad de orden artístico y la intención de darle origen a una nueva estética, una nueva común identidad, una nueva comunidad, la que surja del vínculo.

Estamos en el orden de la creación. Y cuando un escritor, por ejemplo, se enfrenta a una página en blanco, cualquier cosa puede pasar.

Así nos sumergimos en Xochimilco. Para escribir historias. Y claro, nos tacharon de idealistas.

Al comienzo escuchaba las risotadas y carcajadas de los vecinos del barrio de La Santísima, y opiniones con ceño fruncido de funcionarios públicos, licenciados en ciencias de la Naturaleza y licienciados en “ciencias” de lo social. Éstos últimos, de plano, no entendían de qué rayos estaba hablando. “¿Entusiasmo?, ¿esperanza?… Oye, no vayas a estar generándoles expectativas…” Y yo preguntaba, más idealista aún: “¿no es triste vivir sin expectativas?”

Lo único que puedo decir es que si las expectativas no se alcanzan o no se cumplen, siempre tendremos la oportunidad de escribir una nueva historia.

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