Luciosos y pinturados

By maistro

No he leído el libro. Dicen que se llama La cuarta espada y es de Santiago Roncagliolo, escritor peruano que hace pocos años obtuvo el premio Alfaguara de novela con su obra Abril Rojo.

Me muero de ganas de leer esta nueva entrega. No tanto por los pergaminos que traiga el autor bajo el brazo, sino por el tema: la violencia terrorista que se desató en el Perú en las décadas de los 80’s y 90’s. Sin embargo, vale decir que la novela que catapultó a Roncagliolo a la fama (si es que cabe esta expresión) fue una refrescante mirada sobre este problema: la muerte.

Entonces estoy mintiendo un poco: tengo confianza en lo que este escritor pueda decirme.

¿Luciosos y pinturados? Bueno, esta expresión se la debo a Eduardo Casar, maestro de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Surgió cuando leíamos las instrucciones en español de un sinfín de objetos. Estábamos deleitándonos con los absurdos que surgen cuando alguien que no domina (ni siquiera mastica) el español, se da a la tarea de escribir cómo funciona lo que vende. Así es que si deseábamos que las lucecitas de navidad Made in Corea se encendieran y apagaran “luciosas y pinturadas” estábamos obligados a darle una rigurosa lectura al manual.

El tema de las andanzas de Abimael Guzmán y sus seguidores, así como la incesante persecución que le hicieran las fuerzas armadas y policiales del Perú, y las pasiones que se desataron al respecto (sed de venganza, radicalización de la sociedad y demases), no es tan jocoso como la lectura de un manual coreano. Es más: hay que sacudirse ciertos rigores y lanzarle una mirada libre de prejuicios.

¿Logrará hacer esto Santiago Roncagliolo? Antes de lanzar el sanbenito de “sólo Dios sabe…”, vale la pena leer la entrevista que le hizo Ángel Páez, jefe de la unidad de investigación del periódico La República, del Perú, y que se titula: “Mi libro no es para los académicos”.

Hay que recordar una cosa. Abimael Guzmán, al igual que sus camaradas, fueron, en alguna medida, “académicos”. Estudiosos de la “realidad peruana”. Se apoyaron en una metodología para observarla y establecer los pasos a seguir para solucionar lo que ellos identificaron como sus problemas. Por otro lado, otra índole de académicos tomaron la palabra para definir qué era (o es) Sendero Luminoso e incluso leían y escuchaban a conciencia y con atención doctoral los escritos senderistas así como los programas radiofónicos y discursos que estos radicales lanzaban al aire; el objetivo de los estudiosos era “interpretar” el mensaje de estos fundamentalistas (¿se les puede llamar así?).

Recordemos, también, que los seguidores del marxismo-leninismo-maoísmo-pensamiento guía del presidente Gonzalo (senderismo, pues), creían fervientemente en el materialismo dialéctico histórico, con todo el peso “científico” y “objetivo” que este “conocimiento” pretendía (o quizá aún pretenda).

Por otro lado, durante toda la guerra -más de doce años- policías y militares realizaron labores de “inteligencia” y “contrainteligencia” para encontrar las claves objetivas que les permitieran desbaratar a este movimiento armado.

Finalmente, la población en general desarrolló métodos de supervivencia y conceptos “claros”, “categóricos” e “incuestionables” con respecto al conflicto y las conversaciones o los debates podían alborotarse hasta convertise en auténticos bullicios. No era extraño escuchar la expresión “deslíndate de Sendero” y luego de eso sentir los mil ojos del pueblo en agitada y amenazadora expectativa.

La entrevista que le hacen al autor es ilustradora. Cita tanto a un senderista como a un militar y uno no reconoce quién es quién. En aquella época (como ahora) ambos bandos mostraron lo peor de sí mismos en nombre del pueblo. Aún recuerdo al policía de un cuerpo de comandos (los Sinchi se entrenan en lucha contrasubversiva) que en el pueblo de Angasmarca, en Santiago de Chuco, a pocas semanas de haber expulsado a los senderistas, se puso a llorar escuchando Flor de Retama interpretada por Martina Portocarrero (todo un himno senderista según algunos). Luego del llanto, él y sus compañeros de armas me dijeron que se sentían estafados, peleando en una guerra donde el pueblo se enfrentaba al pueblo y donde los jefes de ambos bandos no sabían qué era caer en una emboscada o batirse a balazos en las alturas de los Andes, sin tener a dónde correr porque el oxígeno no llega a tu cerebro ni a tus piernas.

Fue un llanto que luego repitieron unos comuneros que, en ese mismo pueblo, ya hablaban de “dialéctica” para referirse al discurso. Su confusión, además, parecía provenir de una máquina del tiempo, y es que habían pasado años y años escondidos en las montañas para que Sendero Luminoso o los militares no se llevaran a sus hijos y los entrenaran en las artes de la guerra fraticida (¿acaso no todas las guerras son eso: fraticidas?).

¿Qué pasó en el Perú de los ochentas y noventas? Roncagliolo tiene razón: es necesario que sigamos discutiéndolo. Sobre todo nosotros, los que pertenecemos a esta generación que creció y se formó con esos perros colgados en el Centro de Lima, con las bombas, los apagones y la falta de agua; una generación que observó a los diversos fundamentalismos y absolutismos enfrentados para imponer sus verdades, miopes ante la evidencia de que la realidad se escribe desde diversas miradas o, lo que es peor, que la realidad, en sí, es muy ambigua y no admite verdades a rajatabla.

Si fuéramos griegos y los dioses existieran, estarían riéndose a mandíbula batiente, escuchando nuestras verdades como si se tratara de un instructivo de lucecitas navideñas Made in Corea. Vamos a ver, pues, qué propone SantiagoRoncagliolo, por lo pronto está la entrevista para irse dando una idea de cómo aborda el asunto.

Sólo una pregunta tonta: ¿seguirán riendo los dioses si dejamos de establecer verdades y nos reconocemos tan paradójicos y ambiguos como esta realidad de la que formamos parte y al mismo tiempo nos constituye?

Una afirmación incierta: quizá si reímos y flotamos por la vida llenos de ligereza, los dioses dejarán sus sonrisas y comenzarán a prestarnos atención…

Y al final una duda: la verdad es que…

Sólo Dios sabe

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Une réponse vers «Luciosos y pinturados»

  1. Luiz Fabio Antonioli dit :

    Recién he visitado Perú y quería saber más acerca de los años 80-90 en el país vecino (soy de Brasil); lamentablemente, todavía hay poca literatura para ayudar a las personas interesadas en estos temas. El libro de Roncagliolo no es, seguramente, para académicos: demasiado vago, sería más bien una compilación de entrevistas con senderistas, ex-senderistas y anti-senderistas. Pero lo que sí debo añadír es que se trata, quizás, de la única obra literária que le permite a un extranjero conocer un poco más de aquellos años conturbados en el Perú. Así que puedo recomendar el libro de Roncagliolo para lectores en búsqueda de un primero contacto con el tema del terrorismo en el Perú. No sé que pensarán los peruanos, que tendrán a su disposición más fuentes de información.
    Luiz

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