Curiosidad

By maistro

 

¿Cómo identificamos un suceso provocado por algún tipo de inteligencia? Hay un documental donde unos científicos no-evolucionistas señalan que al parecer existe una “inteligencia” detrás de todo este asunto al que denominamos universo o (quizá mejor dicho y si no les causa urticaria) la obra divina. Es la teoría del Diseño Inteligente, tan repudiada por la Comisión Europea.

Estos científicos -anatemizados por los darwinistas y/o evolucionistas- barajan algunos conceptos de los sistemas complejos y emergentes para afirmar que además de materia y energía, el universo también estaría compuesto por información. Y, claro, “alguien” o “algo” estaría “administrándola”.

Dicen, pues, que así como podemos reconocer si unas líneas en la tierra (como las de Nazca, en el Perú, por ejemplo) fueron hechas por alguien (en nuestro fueron los nazcas, una cultura pre-inca, y no el viento), igualmente, cuando estos científicos contemplan el funcionamiento y composición de algunas células y bacterias, reconocen que fueron hechas por “alguien” o “algo”. Es decir que fueron “diseñadas”.

Antes de decir “están locos”, quisiera traer a colación las palabras de algunos grandes maestros de la especulación. Comencemos con Heráclito de Efeso, filósofo griego del Asia Menor (actual Turquía). Kirk, Raven y Schofield, citan en su libro Los filósofos presocráticos (página 295 de la edición 1987 de Gredos) a este filósofo de la naturaleza:

“Una sola cosa es la sabiduría: conocer con juicio verdadero cómo todas las cosas son gobernadas a través de todas las cosas”.

“Una sola cosa, la única verdaderamente sabia, quiere y no quiere que se la denomine Zeus”.

Heráclito propone al Logos, “un plan estructural”, “constitutivo de todas las cosas”… en fin: una inteligencia que Kirk, Raven y Schofield, basados en tantos otros, identifican con lo divino e incluso refieren como Dios (sin limitar esta palabra a una fe en particular, claro está).

De Heráclito brinquemos a otro oscuro filósofo: Martin Heidegger. Este pensador, para disertar alrededor del “Fragmento o sentencia de Anaximandro” (lo cito a partir de su libro Caminos del Bosque), solicita primero que nos despercudamos de los prejuicios. Pide que le otorguemos a las palabras su más amplio sentido. Que reconozcamos que entender por “las cosas” únicamente a los objetos materiales sería limitante habida cuenta de que en este universo está comprendido, también, el pensamiento.

El texto de Anaximandro, “la sentencia más antigua del pensamiento occidental”, como dice Heidegger, expresa lo siguiente:

“De donde las cosas tienen su origen, hacia allí deben sucumbir también, según la necesidad; pues tienen que expiar y ser juzgadas por su injusticia, de acuerdo con el orden del tiempo”.

“A partir de donde las cosas tienen su origen, hacia allí se encamina también su perecer, según la necesidad; pues se pagan unas a otras condenas y expiación por iniquidad según el tiempo fijado”.

Lo que subyace en esta concepción es “un plan”. Uno donde el objetivo pareciera ser la vuelta a un equilibrio primigenio. En ese “mientras tanto” el ser humano, como sugiere Heidegger, debe pensar al respecto. Así el asunto cobra sentido.

Entonces, y volviendo al principio, no es la primera vez que se supone la presencia de “algo” que rige (o “diseña”) lo que conocemos. Tampoco es la primera vez que algunas personas se dan a la tarea de “leer”, “descifrar”, “interpretar” e incluso “entender” la presencia de “aquello”.

¿Están locos los que creen en el Diseño Inteligente”? Para comenzar, no creo que estén más desorientados que los seguidores del azar. Más aún cuando éstos últimos entiendan al azar por caos. Y peor aún, si en el caos no reconocen “patrones”.

En lo que sí se diferencia de los científicos es que éstos no afirmarían, en rigurosa ciencia, algo tan “descabellado” como que detrás de la realidad exista algo así como una inteligencia. Ni siquiera cuando sus matemáticas beben de personajes como Leibniz, quien además de sacar a la luz el cálculo infinitesimal, escribió un texto maravilloso: la Monadología.

La disputa entre los “científicos” que creen en el Diseño Inteligente y los científicos duros y escépticos se presta a mucha reflexión y hasta dan ganas de releer a Borges (¿el más grande metafísico?).

A final de cuentas seguimos dando bastonazos de ciego al intentar responder la siguiente pregunta: ¿qué hay detrás de todo esto?

Sólo Dios sabe… (ejem)

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