Iniciación

By maistro

 

Llegas a la ciudad de México.  Al día siguiente visitas el museo del Templo Mayor. Allí reposan los restos de lo que alguna vez fuera la Gran Tenochtitlán, ciudad que dejó boquiabiertos a los españoles que tuvieron la fortuna de conocerla en todo su esplendor. Te enteras que antes, mucho antes, todo esto era un lago. Por eso algunos edificios, como la iglesia de la Sacrístía,  al costado de la Catedral, están inclinados.

Para darte una idea de cómo era la vida en ese lago ya desaparecido, vas a Xochimilco. Existe una ruta que comienza en el centro histórico de aquella delegación. Caminas hacia la capilla de San Diego (en Xochimilco abundan las capillas) y cruzas el puente. Llegas a la capilla de La Santísima: el corazón de un barrio muy antiguo. Alrededor de ella viven agricultores y pescadores: ellos pueden contarte cómo sobreviven varias de sus tradiciones, como la procesión de la Virgen de Xaltocan (una deidad xochimilca que sigue con vida). Algún día, los muros y paredes que flaquena el camino entre la capilla de San Diego y La Santísima será un códice que contará la historia de este bastión de la resistencia, el reducto donde se mantuvo viva una cultura milenaria.

Unos pasos atrás de la capilla de La Santísima, hacia la izquierda, hay un puente. Al otro lado sobrevive el pasado. Una red de canales que se adentra entre islotes de líneas rectas hasta llegar a un punto donde el silencio es imponente. Alrededor tuyo ya no ruge la ciudad, ahora susurra el agua, chapotea el remo, murmuran los árboles… el remero te dice que comentan el camino que conduce hacia las parcelas de los agricultores que mantienen la memoria, que hablan con la tierra así como lo hicieron sus antepasados, esas personas que, en diálogo con la Madre Tierra, crearon unas islas flotantes que se aferran con sus raíces al lecho del lago: las chinampas.

En el fondo de los canales aún sobreviven los ajolotes. Unos bichos cuya cabeza recuerda a Quetzalcoatl. Hay quienes dicen que son primos. Y que este ajolote, axolotl, está dispuesto a sacrificarse para inyectarte el espíritu de la renovación. Es un dios adolescente.

Al día siguiente paseas por los alrededores de la Villa de Guadalupe. Te dicen que es Tonantzin, una diosa: la madre lunar. Dicen que abajo de su templo estaba la pirámide que le rendía culto. Observas el mar de gente que entra y sale de la Basílica. Sigues el curso de la corriente y terminas al pie de su imagen actual: la virgen. Alguien te dice que es Coatlicue, la diosa con falda de serpientes que alumbró a Quetzalcoatl, ya escuchaste hablar de ella en el Museo del Templo Mayor.

El siguiente día despiertan todos temprano. Van a ir a conocer al Señor de Chalma. Es un viaje largo hasta las afueras de la ciudad. Al llegar a La Marquesa giran hacia la izquierda y se adentran entre cerros y una carretera sinuosa que lleva hasta un pueblo. Caminan hacia un árbol de donde brota el agua. Todos se remojan el rostro y se colocan guirnaldas en la cabeza. Beben un poco de pulque y comienzan un descenso. Pasas por un mercado con muchos puestos que ofrecen “milagritos”, unas pequeñas piezas que representan partes del cuerpo humano. Compras un corazón y lo aprietas en tu mano. Sigues caminando hasta que llegas a la iglesia. Está adornada. En el interior está la imagen de un Cristo. Pasas a la parte trasera del altar y enganchas tu corazón en el lugar que te indican.

El siguiente punto en este recorrido turístico es Tepoztlán. Has recorrido el pueblo. te dicen que se trata de un lugar mágico. Lugar de brujos. Tienes que subir unas escalinatas hasta la cumbre de un cerro donde encuentras unas ruinas. Desde arriba puedes observar la forma que adquiere ese pequeño valle encerrado. Bajas porque vas a comer unos kilómetros más adentro, en Amatlán: te vas a alimentar viendo la puerta de Quetzalcoatl.

De regreso haces una breve escala en lo que queda de Copilco, un recinto con pirámides circulares. Dicen que las construyeron los primeros habitantes del Valle de México.

En tu último día en la ciudad de México partes a Teotihuacán. Te admiras con las dimensiones de la pirámide del sol. Contemplas las cabezas de Tláloc y Quetzalcoatl en un templo al que llegaste caminando por la calzada de los muertos. La construyeron los toltecas. Nadie sabe quiénes fueron, aunque existen sospechas…

El viaje aún no acaba, ahora partirás hacia el Valle del Mezquital, conocerás al pueblo hñahñú para que te cuenten de sus tradiciones vivas. Luego irás a San Luis Potosí, a participar en una ceremonia de instrospección, está Cuetzalan, Oaxaca, Chiapas… aún falta mucho para que termine este viaje de conocimiento.

En todo el recorrido te han acompañado guías que han heredado estas tradiciones. Si preguntas, te los presento.

¿Cuánto tiempo más sobrevivirá este mundo tierra adentro?

Sólo Dios sabe

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