Rojo y negro

“Una revolución no es sangrienta sino en proporción exacta a la atrocidad de los abusos que está llamada a destruir”
D. Gruffot Papera.
Rojo y negro son los colores de la revolución. Son los colores del movimiento, del cambio. “El hombre primitivo veía al negro y al rojo como colores que inquietaban su reposo“, dicen unos argentinos expertos en el tema (sus nombres salen en el documento). Rojo y negro es el título de una inquietante novela que firmó Stendhal, uno de los tantos seudónimos de Henry Beyle.
Ubicada en los años posteriores a la Revolución Francesa, podríamos decir que Rojo y Negro narra, en esencia, el trágico desenlace de una historia de amor, uno que Carlos Fuentes definió como “ese perfecto egoísmo compartido”.
En el apéndice de la edición en español de Alianza Editorial, viene una “sinópsis autocrítica” escrita por Beyle, ahora bajo el seudónimo de D. Gruffot Papera. Este texto podría entenderse como una exposición de motivos por parte del autor: la voluntad de hacer algo distinto a partir de una despiadada y muy crítica visión de la realidad social, del contexto donde se fermenta esa paticular manifestación del amor.
El resultado es una exposición integral del espíritu humano que, por muchos motivos, sigue siendo actual. Como muestra basta citar una afirmación con la que el narrador de Rojo y Negro cierra su primer capítulo: “En las ciudades pequeñas de Francia la tiranía de la opinión -¡y qué opinión!- es tan estúpida como en los Estados Unidos”.
“La verdad, la dura verdad” es la frase atribuida a Danton (otro revolucionario) con la cual Stendhal colorea la primera parte de su novela. En ella, nos presenta a su héroe, Julián Sorel, un joven habitante de Verrieres que se deleita con la lectura de Rosseau y admira a Napoleón Bonaparte por propiciar vertiginosos ascensos sociales. Uno diría que el muchacho va formándose en los ideales de la revolución… libertad, igualdad, fraternidad… y del arribismo.
Bendito por las circunstancias, y su destreza con el latín y la Biblia, Julián conseguirá huir de la vida que le depara el aserradero de su padre (que le parece aburrida y repugnante) y teminará “educando” a los hijos del alcalde de su pueblo. Instalado en la casa de gente acomodada, este orgulloso joven terminará envuelto en un affaire con madame de Renal, la inocente y romántica (¿cándida?) esposa de su patrón.
En la segunda parte de la novela -”no es bonita, no lleva colorete”, frase de Sainte-Beuve-, nuestro héroe llegará a la frívola París de aquel entonces y, motivado a probar su independencia y valor, terminará enredado con Mathilde De la Mole, la orgullosa hija de su nuevo patrón, una mujer de distinta posición social y prometida a otro hombre. Todo un reto a los ojos de Julián.
Como podrá suponerse, las relaciones amorosas del joven Sorel no son sencillas. Tampoco lo es su paso por los distintos escenarios donde le toca vivir y que lo llevarán a perder la cabeza.
Los personajes en Rojo y Negro están muy ocupados en mostrarse superiores a los demás. La vanidad es la máxima divisa. Y Stendhal -o el narrador- se encargará de recordárselo al lector no sin mostrarse, él mismo, omnipresente y todopoderoso: el supremo ser en ese mundo de egocentrismos.
Rojo y Negro es una novela que ha despertado páginas y páginas de halagos, tanto hacia el autor como hacia sus personajes: “humanos, muy humanos “, por decirlo con muy poca imaginación…
Lo que se nota en muchos de los comentarios que Beyle realiza en la voz de su narrador, así como a través de su reseñista o con las reflexiones de Julián (todos obra de Beyle y tan parecidos los unos a los otros…), es producto de un hondo desprecio hacia quienes lo rodean; algo parecido, incluso, al odio. Su ensañamiento sin contemplaciones da la impresión que bebe de las célebres palabras de Danton, que de su traducción al inglés podríamos reescribir como sigue: “la verdad, la amarga verdad”.
¿Será que esta amargura haga brotar las emociones en el lector? Es muy fácil sentir esta identificación con la obra y que nos encamina por la lectura hasta el final de las andanzas de Julián. Incuso uno llega a sospechar por qué Rojo y Negro ha motivado tantos ensayos y alabanzas en tantas épocas y en tantos lectores, críticos y escritores de diversas lenguas.
Es una novela que invita a reflexionar cosas como, por ejemplo, ¿será que al final de la novela, madame de Renal, con un sencillo y radical acto de ternura e ingenuidad, se convierte en la redentora de todos estos personajes y sus lectores?
¿Sucumbe o triunfa?
¿En qué consiste la revolución de esta novela?
Si deseas abundar en el tema lee también: Rojo y Negro II
Etiquetas: amor, colores, gruffot papera, henry beyle, literatura, novela, revolución, revolución francesa, Rojo y negro, stendhal
Abril 15, 2008 en 9:42 pm
tambien se necesita el descenlace de la obra