
Fue hace muchísimos años que un antipático moscardón anduvo por calles y plazas demostrándole a las demás personas que, en realidad, no sabían nada. O, mejor dicho, tan sólo tenían certezas…
Hoy día, un amigo mío (tengo amigos, o por lo menos eso creo), vino a mi casa luego de batallar hasta las cuatro de la madrugada con ciertas herramientas metodológicas para una investigación que debe realizar con todo el rigor de la ciencia. Y bueno, si fuera astrofísica… no, perdón, si fuera química, física, ingeniería mecánica, puedo entenderlo, pero ¿una disciplina social? ¿Rigor científico en pleno siglo XXI para lo social?
Encuestas, preguntas, grupos de enfoque, grupos de control… todo para lanzar una campaña que… Una vez un profesor de dramaturgia, Hugo Argüelles nos dijo en clase lo siguiente: “qué una obra pegue con el público depende más de un casting metafísico que de lo que uno haga” Su conclusión, finalmente, fue: “haz algo que te haga sentir bien contigo mismo”.
En mi corta y limitada vida, he podido observar tremendas operaciones mercadológicas que han terminado en estrepitosos fracasos (y eso que siguieron, paso a paso, el ABC de lo que se debe hacer en términos de metodología) y, por otro lado, productos destinados al fracaso (con fórmulas que nunca antes tuvieron mayor trascendencia) convertidos en auténticos monstruos de ventas. ¿A qué se debe?
¿Hasta qué punto “el conocimiento” no es más que un bálsamo contra las inseguridades? La realidad es tan incierta, cambiante y caprichosa (por no decir más cosas) que un dechado de lugares comunes la calificarían con mayor certeza que los más rigurosos análisis.
Somos niños apachurrando el teclado de una computadora y observando, con el ceño fruncido, el desmadre que aparece en la pantalla y, como podemos observar patrones (así juegan nuestras percepciones), creemos que ya dominamos el asunto. Incluso estas afirmaciones son de dudosa certeza.
Psicología, Antropología, Sociología, Comunicación, Filosofía, Administración, Política, Desarrollo, Relaciones Públicas… cuánto juega la intuición en ellas. Schroedinger llegó a sus resultados en los Alpes suizos en medio de una bacanal, Arquímedes tuvo la visión en la bañera y a Newton lo golpeó una manzana… sí, ya sé, ya sé, es el mito, trabajaron para obtener una respuesta, no fue gratuito, además estos tres trabajaron con ciencias “duras”… pero ¿acaso no ejercían otro tipo de razón? Seguimos sin comprobar la ecuación de Schroedinger y la ilógica creatividad sonríe a cada rato. Maffesoli habla de hacer sociedad y arte colectivo. Y hay quienes dicen que todo es un juego.
Roles, máscaras… son formas de ocultarse.
Valga la pena para recomendar un estupendo texto de Erwin Schroedinger, Los griegos y la naturaleza, de Tusquets. (Erwin formuló una ecuación que posibilitó todo este rollo de la cuántica, que no es meditación trascendental ni esoterismos similares, como las rigideces de lo que se hace llamar ciencia).
En el dice, entre otras cosas, que estos sujetos, los griegos, concibieron conceptos e ideas y modelos y, vamos, tantas cosas que el conocimiento actual sigue corroborando… y lo que hicieron fue utilizar sus mentes. ¿Será que con una pizca de creatividad e imaginación, nuestras conexiones neuronales y nuestros espíritus superan con creces a cualquier computadora?
Si es así: ¿para qué seguir jugando con rigor cuando podemos jugar con ligereza?
Etiquetas: comunicación, Dios, conocimiento, Sócrates, márketing, Erwin Schroedinger, griegos, naturaleza, neuronas, apeiron, manzana, bañera, Arquímedes, tábano, sociedad, ciencia, mercadotecnia