
Un muy buen amigo ha regresado a México. Es científico. Químico de formación, físico por investigación y biólogo por aplicación. ¿Qué hace? Estudia el comportamiento de las proteínas, en particular un límite: el punto de contacto entre el orden cuántico y el mecánico de éstas mismas. Es decir: ¿qué tan determinante es, para el comportamiento estructural de las proteínas, todo aquello que ocurra al interior de un átomo? Para darnos una idea, y zapatear sobre un estupendo lugar común: es como preguntarse ¿qué tan influyente puede ser el aleteo de una mariposa en China con el clima en la Florida?
Bueno, creo que mi amigo podría abundar en cuestiones de orden técnico. Yo sólo puedo divagar de manera errática a partir de lo que me cuenta. Por ejemplo, puedo decir que a nivel de las subpartículas atómicas existe algo que se llama interacciones débiles. Si dos átomos forman parte de una organización mayor (como una proteína), ¿qué tan relevante es para la estructura de ese todo molecular la interacción de los electrones de estos dos átomos? Existen científicos que creen que estas interacciones débiles pueden ser tan relevantes que incluso podrían determinar la mismísima estructura de la molécula misma.
Cuando una molécula en el cerebro se deforma y se convierte en algo parecido a una esponja, estamos hablando de una de estas enfermedades tipo Parkinson y Alzheimer que daña a toda una célula (en este caso las neuronas). Según explica mi amigo, cuando una molécula se “esponja” “contagia” este comportamiento a las demás, produciendo una reacción en cadena que se manifiesta como “callosidades” en el cerebro, mismas que traban tanto el libre albedrío, como el libre ejercicio de la memoria y qué no decir de nuestra libertad de movimiento. Me aventuro a imaginar que lo mismo debe ocurrir con el cáncer, esa desmesurada proliferación y crecimiento de algunas células: ¿qué pasa con las estructuras moleculares que las componen?… En pocas palabras: ¿cuál es la causa?
Una respuesta a esto es que existen “cancerígenos”. Es decir, agentes externos que propician el cáncer: fumar en exceso, beber en exceso, algunos conservantes, ciertos químicos y algunas radiaciones. Vale una aclaración: hay quienes opinan que una vida cargada de “negatividad” favorece una cierta, y cacofónica, proclividad hacia el cáncer.
Bueno, este comportamiento “espongiforme” podría tener su origen en las interacciones débiles (un doctor en la materia podría corregir las burradas aquí vertidas y brindarles una cierto grado de certeza).
Michel Maffesoli (ya parezco su acólito), titular en la Soborna de la Cátedra Durkheim desde 1981 y atento observador de los avances de la ciencia y las matemáticas, indica en su libro La transfiguración de lo político. La tribalización del mundo posmoderno (Editorial Herder), que una aproximación a lo social debe tomar en cuenta que está frente a un sistema complejo, con características emergentes y capacidad “autoorganizativa”; algo que de por sí ocurre en la naturaleza. Bajo este supuesto, los seres humanos nos organizamos así como lo haría un conjunto de átomos cuyo estado inicial fue disperso (algo parecido a una sopa de pasta) y que “de pronto” toma la forma y actitud de una proteína. ¿Para qué hace esto un conjunto de seres humanos? Lo interesante es que en su otro libro, En el crisol de las apariencias. Hacia una ética de la estética, dice que puede no haber razón aparente. Y bueno, para redondear la complejidad de este asunto, también escribió un libro que se llama Elogio de la razón sensible. Una visión intuitiva del mundo contemporáneo. Es decir que así como nos podemos unir e identificar alrededor de una misión, visión y objetivos (jejejeje) también lo podemos hacer alrededor de una idea o una imagen que nos resulte lo suficientemente atractiva o “prendedora”. Sólo porque sí… (sin razón aparente)
Lo interesante en todo este asunto es que Maffesoli deja ver que en el trasfondo de todo este juego de cohesiones y dispersiones (si se me permite), existe un algo estructurador: la función comunicadora. Ese canal que permite el flujo de imágenes, ideas, información, sensaciones, sentimientos… vaya, “eso” que permite la puesta en común, y abre la posibilidad de la común unión: la comunión que hace comunidad.
Según dice en El crisol de las apariencias, los seres humanos nos confirmamos ante el otro, nos mostramos para ser a través de la mirada de los demás. Vil exhibicionismo validador. Es decir, los científicos (por ejemplo, los “científicos del desarrollo”) se validan entre sí: los unos a los otros. Estarían haciendo comunidad a partir de sus convicciones, de su visión de la realidad. Lo maravilloso del caso es que podríamos decir que conforman una tribu más, bailoteando mágica, mística y religosamente, alrededor de su tótem racional.
¿Qué tiene que ver todo esto con las proteínas y los átomos? Hay que saltar, primero, al origen del universo. Los astrofísicos también andan reflexionando sobre cosas similares. Una de sus preguntas fundamentales, además de la consabida ¿qué es la realidad?, busca averiguar sobre qué se estructuró el universo. Y vamos, ahora tratan de descubrir qué es la “energía oscura” y la “materia oscura”. Al parecer estas dos cosas tienen un papel determinante en lo que ahora inferimos como la estructura del universo. Es por eso que existen astrofísicos y astrónomos hurgando en aquellos remotos años cuando se formaron las primeras galaxias: ¿por qué se aglutinaron en tal punto y no en otro?, ¿qué llevó a las estrellas a agruparse y terminar girando alrededor de un centro? ¿Estamos ante otro ejemplo de autoorganización y su poder estructurador? ¿Será que esto surge de condiciones externas, de condiciones internas, o de una combinación de ambas? ¿Bajo qué herramientas podemos, los seres humanos, comprender, estudiar e interactuar con esta realidad? Finalmente, ¿cómo aproximarnos a este fenómeno que, además, es dinámico y, por lo mismo, cambiante? Vaya, parece que seguimos dando vueltas alrededor de las mismas ideas que alborotaron la mente de los griegos.
En este juego de semejanzas y diferencias, pues, podríamos aventurarnos a decir que lo mismo pasa con lo social, comprendido como un sistema dinámico, complejo y emergente. Si Maffesoli plantea repensar lo social, también dice que este “repensamiento” debería sobrepasar la estrecha mirada y acción de la razón tradicional… algo más creativo, si no es mucho pedir.
Lo espinoso del asunto es: ¿frente a qué estamos?
Una ves más:
Etiquetas: apariencias, astrofísica, crisol, energía oscura, física, garbanzo, maffesoli, materia oscura, migraña, molécula, pasta, político, sopa de letras, transfiguración
Mayo 20, 2008 a las 10:51 pm |
Hola, ¿qué tal?
Muy interesantes las preguntas que esbozas en tu blog. Maffesoli ha sido una punta de lanza, por lo menos en el campo de la teoría social, en tratar de explicar fuera de los canones cuadrados de la razón de dónde viene el entrelace que es la sociedad. Por mi parte, aunque dudo que sea al mismo nivel, trato de hacer lo mío mediante un pequeño proyecto de investigación de maestría que llevará por título (hasta ahora) La sociedad como emoción/La sociedad emocional. Un trabajo en el que intento plantear la posibilidad de que las EMOCIONES sean vistas como un eje de observación de la sociedad e integrarlas al discurso social como una especie de “motivos para” (Schütz) o “configuración” (Elías) del (des)orden social. Pero bueno, puedes ver el blog que registre aqui y checar lo poco que escribí hace algún tiempo, sigo atorado tratando de desmenuzar las ideas y los argumentos… quizás podríamos intercambiar opiniones.
Saludos