Absoluciones

By maistro

Un fantasma recorre el planeta. ¡”Líderes” del mundo, uníos! Protegeos los unos a los otros. Reformen sus estados para proteger sus partidocracias. Estrechen sus manos diestras y siniestras en aras del “orden mundial”. Sean positivos, ustedes que entienden “liderazgo” como la promoción de la inmovilidad. Sigan pretendiendo adormecer al motor del cambio, la mundana y animal volatilidad del ser humano, con discursos, moralejas y racionalizaciones que humean miedo y mentira.

La historia no absuelve a nadie: ni a la derecha ni a la izquierda, ni al norte ni al sur, ni arriba ni abajo.

¿A qué va todo esto?

Felipe Calderón, presidente de México, acaba de presentarse ante los “300 líderes más influyentes del país” (¿Habrán invitado a Marcos del EZLN y a esos “líderes” clientelares que consiguen miles de firmas y adherentes al partido político que muestre más dinero?).

Bueno, no importa, estaban entre amigos del mismo bando, y les dijo esto: “Yo no sé si esta lista de 300, ó de 500, ó de 100, ó de 20, ó de 10, sea una lista adecuada, quizás ni somos todos los que estamos ni están todos los que son, no lo sé”.

Después les dijo esto otro: “Lo que sí creo, lo que sí sé, es que cada una y cada uno de ustedes tiene algo qué hacer, que cada una y cada uno de nosotros tuvo más oportunidad en este México quebrado por el dolor de la injusticia y la desigualdad.

“Tuvo mucho más posibilidades que cualquier otro, tuvo más posibilidades que una niña que ni siquiera llegó a los dos años de edad en la montaña de Guerrero.

“Tuvo más oportunidades que un tarahumara en la Barranca del Cobre, tuvo más oportunidades que una joven en las orillas de Chimalhuacán que ha sido prostituida a sus 13 años en La Merced en la Ciudad de México.

“Tuvo más oportunidades de ser y de hacer, y este México tiene más que exigirle a ustedes que a esa niña que está en La Merced, tiene más que exigirle a ustedes que hemos tenido oportunidades de aprender, vivir y de ser, que a esos jóvenes que están en la montaña alta de Guerrero o de Oaxaca o de la Barranca del Cobre.

“Tiene más que exigirnos, que a los que están ahora levantando su puesto ambulante en uno de los ejes de la Ciudad de México, tiene más que exigirnos a nosotros, que a quienes están levantando ahora una cosecha que no les dejará ni para comer los próximos dos meses.

“Pienso que esta minoría selecta, esta élite tiene una responsabilidad enorme con su generación y con nuestro tiempo; pienso que esta minoría selecta que a final de cuentas marca cadencias en una generación, tiene mucho más que hacer que los demás”.

Y siguió diciéndoles cosas. Palabras de un “líder” a otros “líderes”. Discursos de derechas e izquierdas mezclados en una desesperada cocktelera. Los “líderes” de nuestro tiempo son iguales a los de antaño aunque más mediáticos y efímeros: necesitan impactar.

Siguen creyendo que son “el motor del cambio”. Por eso me caen más simpaticos algunos héroes griegos, sobre todo en esos pasajes cuando sospechaban que eran simples ratones-mortales entre las aburridas garras de sus inmortales gatos-dioses. Y a pesar de eso, se movían (o pretendían hacerlo).

Bueno, liderazgos aparte, hay que observarlos. Son como nosotros.

Ya Platón, en su Carta Séptima, se decía más o menos así: “¿por qué escribo esto?”

Sólo Dios sabe

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