Esta no es una señorita
Agosto 28, 2007
Esta no es una señorita. En todo caso podría ser una señorita-puerco. En realidad es un homenaje a la distancia. Toda mi familia vive en Estados Unidos. Sólo yo radiqué en México, donde viven unos tíos y sus hijos: mis prim@s.
La caja es una de las tantas que envía mi familia, llenas de regalos, desde el vecino país del norte. Cada cierto tiempo me llega una notificación desde la oficina de correos, en la avenida Pacífico, para que recoja mis bultos. A veces tengo que pagar impuestos. No existe una lógica al respecto. He pagado por la ropa que mi sobrina le ha heredado a mi hija y he recibido cámaras fotográficas completamente gratis.
El lema “los chanchos no vuelan” es una frase muy peruana para referirse a los imposibles. Chancho, en peruano, quiere decir cerdo. Y, efectivamente, estos animales no vuelan. ¿A qué imposible me estaba refiriendo? Quién sabe. Seguramente me refería al hecho de volver a pintar luego de muchos años de haber abandonado esta disciplina artística: ¿cómo encontrar el cauce de lo artístico en una actualidad donde lo que define al objeto de arte, como tal, depende de factores que se nos escapan tanto a los que pretenden hacer arte como a los que pretenden disfrutarlo? Creo que por eso, también, el tono popular del asunto… arte popular: un cerdito (o cerdita) alcancía de papel maché y una caja de cartón proveniente de EEUU… ¿será que representa el poder de la mano de obra desaprovechada en su país de origen y que termina produciendo en otro lado en condición de migrante? Vaya uno a saber.
El caso es que, curiosidades de la vida, terminé colaborando como reportero en un programa televisivo sobre Arte Contemporáneo y fui tras la respuesta a esta pregunta: ¿qué define al objeto de arte en estos tiempos? Es decir, ¿qué hace que algo sea considerado obra de arte?, ¿dónde reposa esa magia? Bueno, los críticos y artistas tienen visiones muy distintas. Para los especialistas en la materia está clarísimo: que ingrese al mundo del arte, es decir, que te avale un crítico, un curador al colocarte en una exposición o algo por el estilo. Para los pintores, los artistas, no está muy claro, además del rigor que dicen que le ponen a su trabajo, difieren en sus respuestas… claro que hay aquellos que coinciden con los críticos. En lo que todos están de acuerdo es que cualquier cosa puede ser arte.
En su más reciente libro publicado en español (está en francés, su lengua original desde 1990), Michel Maffesoli, profesor de sociología de la Universidad de la Sorbona, esa de París, en Francia, también está de acuerdo con esto de que cualquier cosa puede ser arte y considera, incluso, que la misma sociedad también se puede apreciar como una obra de arte, como la construcción colectiva de varios individuos… he ahí el por qué del título: el libro se llama En el crisol de las apariencias. Para una ética de la estética y ya lo reseñaré.
Este investigador, pensador, filósofo y… artista, me atrevería a decir, afirma que la vida misma puede ser concebida como una obra de arte. Es decir que si con afán aventurero nos juntamos todos aquellos que creemos que la vida es una obra de arte (y la apreciamos como tal) y teorizamos al respecto, podríamos pedir una beca al Fonca, o cualquier fundación o instituto que promueva el arte y la cultura, para que patrocinen nuestras vidas. Claro que será difícil convencerlos, incluso llevando los libros de Maffesoli bajo el brazo.
Bueno, entonces, me dije “los chanchos no vuelan”: “no te afanes en ser considerado artista ni que tus obras sean vistas como arte”. Pero, por otro lado, también es una declaración: “cualquier cosa puede ser arte”. Y, bueno, si la mera pintura ya les aburre a algunos (no los sorprende) armemos pues un concepto alrededor de todo esto, coloquémoslo en internet, interactuemos (o pretendamos hacerlo) y reflexionemos: ¿puede ser una obra de arte un cerdito (o cerdita) alcancía de papel maché sobre una caja de cartón, pintados con cierta técnica y cierta intención? (¿vale como arte no objetual o arte virtual?)
Yo puedo asegurar que me divertí pintando el cuadro. En algún momento vi la imagen y quise plantearla. Me decía algo que, luego, se convirtió en el “análisis” que realizo líneas arriba. Pero ya no he seguido pintando este tipo de composiciones… quizá lo tenga que hacer para reunirla como tema y construir algo que vaya más allá del lienzo (el papel en este caso) y se signifique (o no se signifique), o contextualice (o descontextualice… ya todo se vale) de algún modo que le despierte a alguien un sentido de afinidad (o identidad) con la obra.
Lo que me queda clarísimo es que esta pintura no es una señorita de papi. Tampoco es una pipa (oh, Dios, referenciales aunque no lo queramos ser)
Sí, efectivamente, a final de cuentas,

